20 Enero: Día del Roto Chileno

Cada 20 de enero, en la plaza de Yungay se celebra una fiesta nacionalista conocida como el ‘Día del Roto Chileno’ o ‘Fiesta de la Chilenidad’.

Una fiesta tradicional que se celebra desde el año 1889 cada 20 de enero junto a la estatua al “Roto Chileno’’ en la plaza de Yungay, en reconocimiento a los soldados que participaron en la Batalla de Yungay el 20 de enero de 1839 (al norte de Lima, en Perú) que puso fin a la Confederación Peruano-Boliviana.

La denominación de “roto”, colocada en la más baja de las calificaciones tiene ancestros coloniales. Fue en el Cusco donde el bajo pueblo, observando la salida de los conquistadores que acompañarían a Pedro de Valdivia, se percató que las raídas prendas de la docena de soldados dejaban mucho que desear, por lo que los comentarios no se hicieron esperar: “Así se van éstos; todos rotos a Chile”.

El término, así acuñado trascendió en el tiempo y del soldado pasó al gañan, al cargador, al jornalero, carretero, al desocupado que hacía cualquier labor de fuerza por unos cuantos pesos, especialmente si su vestuario no estaba dentro de los márgenes de decencia establecidos por la moda.

Su vocabulario no fue el de los grandes salones y la frecuencia de palabras hirientes, chispeantes o groseras, que salían de su boca “ennoblecieron” el tamiz de su diaria vida al aire libre. Este “roto” sin profesión ni oficio, los transitó todos, si fuera necesario debiéramos decir que bajo la férula y el látigo del capataz, hizo el chile de los siglos XIX y XX, paleando ripio en los caminos, de carretero llevando mercaderías entre pueblos y como carrilano en la construcción del ferrocarril que fue la vía de progreso que unió gran parte del país.

En la agricultura fue la gran maquinaria que tras la mancera del arado sembró los fundos y las grandes haciendas y luego con echona en mano segó las sementeras en tiempos de cosecha y una vez recogido y envasado el grano, los pesados sacos pasaron por su hombros para ser guardados en bodegas y luego despachados vía ferrocarril a distintas partes del país.

El roto siempre fue libre de decidir donde pasar su vida: así estuvo en las salitreras, en las minas de carbón y en los minerales del norte, pero cuando la patria necesitó de sus servicios, el roto siempre estuvo en la brecha, el redoble del tambor y el toque ¡a la carga! de la corneta le fueron sonidos familiares durante la guerra contra la Confederación Perú-Boliviana.

Fue allí donde los descendientes de los vencedores de Chacabuco y Maipú, a paso firme hollaron las arenas del río Santa y en la épica batalla de Yungay, supieron dejar muy en alto el tricolor chileno a cuyas glorias cantó el poeta Ramón Rengifo Cárdenas y sus versos unidos a la música de José Zapiola dieron vida al Himno de Yungay, conocida marcha de esta gesta que ha sido aclamada como la segunda Canción Nacional de Chile.

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